Desde aquel día, ni ella ni yo nos dirigimos la palabra, era como si ambos hubiéramos hecho un pacto de silencio, ella seguía con su rutina y yo con la mía hasta que llegó el día acordado entre los dos para poder vernos. Yo la espere en la salida de la universidad y cuando salió se pasó de largo.

– Vaya, creo que esto será una costumbre – le dije mientras corría hacia ella.

– ¿Cómo? –  me contesto mientras seguía su camino.

– Esto de seguir tu camino sin esperarme – le respondí.

– Ya estás aquí ¿no? Así que cuales el problema – lo dijo con tanta naturalidad que parecía que no hablaba con nadie.

Seguí caminando junto a ella por unos minutos sin pronunciar ni una sola palabra, no podía evitar ver la forma en que movía la silla de ruedas, apretaba fuertemente el aro mientras se impulsaba con cierto movimiento repetitivo que me parecía que en algún momento ella saldría disparada de la misma.

– Es por aquí ¿Cierto? – habló Jana mientras señalaba un terreno abandonado.

– Si, queda del otro lado de aquel terreno ¿Ya habías estado allí?

– No, solo que investigue antes de venir contigo.

Caminamos unos cuantos metros más sin decir ninguna palabra, sólo se podía escuchar el viento meciendo los arboles y el crujir de las hojas al pasar la rueda de la silla sobre ellas.

Cuando llegamos al restaurante estaba completamente vacío y en la puerta estaba parado un hombre de mediana edad con mirada perdida.

– ¿Que desean?

– Venimos a comer ¿qué no ve? – se apresuró a contestar Jana.

– Eso lo sé – contesto aquel hombre sin voltear a ver Jana y con la mirada fijamente en mi – Pero no tenemos lugar.

– ¿Cómo que no tienen lugar? Si está completamente vacío – le conteste.

– Sí pero como ve no tenemos un lugar reservado para eso – mientras señalaba la silla de ruedas de Jana.

Ese hombre jamás volteo a ver Jana y eso me hizo enfurecer tanto que mis palabras cada vez fueron menos y mis ademanes más enérgicos.

– Quiero ver al encargado del lugar – respondí de golpe.

– Ya le dije que no le voy a dejar pasar con esto – mientras hacia una mueca burlona y señalaba esta vez a Jana.

– Quiero hablar con el dueño, no con esto – mientras yo lo señalaba a él.

De pronto me sentí aturdido mientras un escalofrío recorría mi cuerpo, mi nariz me dolía y ese hombre retiraba su puño de mi cara, me abalance contra él tomando su brazo y golpeándolo sobre su abdomen, no podía escuchar lo que estaba gritando Jana pues mis oídos zumbaron después del segundo golpe que me propino ese hombre justo debajo de mi oreja izquierda, mientras caía hacia atrás y veía como la gente se estaba acercando, él intentó golpearme de nuevo pero yo rodé sobre mi lado derecho y le incruste mi pie en su rostro haciendo que él cayera sobre su lado derecho mientras se sostenía con un brazo, intente reincorporarme pero caí de nuevo y unos brazos me sostuvieron por detrás mientras personal del restaurante intentaban levantar al sujeto que estaba en el suelo. De pronto un hombre alto y con aspecto calmado salió del restaurante, empezó a hablar con Jana mientras indicaba a sus empleados que se metieran con aquel hombre al establecimiento, luego este hombre que parecía ser el encargado del lugar se acercó a mi y me empezó a hablar, pero yo no entendía pues no podía escuchar nada.

– Le quiero pedir una disculpa a usted y a su novia, nosotros no aprobamos el comportamiento de nuestro empleado- mientras me daba un pañuelo para quitarme la sangre que tenia en la boca – le pido vuelva a visitarnos en otra ocasión, la cena correrá por nuestra cuenta.

Yo solo me limite a tomar el pañuelo y a ponerlo debajo de mi nariz, mientras volteaba a ver a Jana, ella no dejaba de verme con sus grandes ojos negros.

– Vaya golpe que te ha dado ese tipo – me dijo Jana mientras me daba un trozo de papel.

– ¿Ya llamaste a tus padres? – le conteste mientras cambiaba el tapón de papel de mi nariz por uno nuevo – deben de estar preocupados.

– Si ya lo hice, no te … – la interrumpí y le dije – Me quedare hasta que ellos lleguen.

– ¿Estás loco? Si mi papá te ve así y a estas horas me vas a meter en problemas.

– No te voy a dejar sola a estas horas, me voy a quedar hasta que vea el carro de tu papá y después me iré – se lo dije en un tono serio y ella solo asintió con la cabeza.

Cuando su padre estaba por llegar ella me dijo – Vete ya, que esta a unas calles de aquí – mientras me daba un último trozo de papel – nos vemos el viernes.

No le respondí y cruce la calle, espere hasta que el carro del papá de Jana llegara y la recogiera.

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