El rey Minos de Creta para conservar la paz con Atenas le ofreció a ésta una condición: cada nueve años, Atenas enviaría siete muchachos y siete doncellas a Creta para que pagaran con su vida a manos del monstruo del laberinto, el Minotauro, la muerte del hijo del rey Minos, muerto en Atenas. Entonces Teseo, hijo único del rey de Atenas, Egeo, ofreció su vida por la salvación de la ciudad; o derrotaba al Minotauro o él sería sacrificado.


Así que Teseo, junto con el resto de jóvenes de Atenas, fueron embarcados y conducidos a una prisión en Creta. La prisión donde Teseo y los otros jóvenes fueron recluidos lindaba con el parque por el cual las hijas del rey Minos, Ariadna y Fedra, solían pasear. Un día el carcelero avisó a Teseo que alguien quería hablarle. Al salir, el joven se encontró con Ariadna, quien subyugada por la belleza y la valentía del joven decidió ayudarle a matar al Minotauro a escondidas de su padre el rey Minos. “Toma este ovillo de hilo-le dijo Ariadna- y cuando entres en el laberinto ata el extremo del hilo a la entrada y ve deshaciendo el ovillo poco a poco. Así tendrás una guía que te permitirá encontrar la salida”. Ariadna le dio también una espada mágica.

A la mañana siguiente, el príncipe fue conducido al laberinto; tomó el ovillo, ató el extremo del hilo al muro ,y fue desenrollándolo a medida que avanzaba por los corredores. Tras mucho caminar, penetró en una gran sala y se encontró frente al temible monstruo con cabeza de toro y cuerpo de humano, el Minotauro, que bramaba de furor lanzándose contra el joven Teseo. El Minotauro era tan espantoso, que Teseo estuvo a punto de desfallecer, pero consiguió vencerlo con la espada mágica. Le bastó luego seguir el hilo de Ariadna en sentido inverso y pronto pudo atravesar la puerta de salida del laberinto.
Teseo salvó su vida, la de sus compañeros, y liberó a su ciudad, Atenas, de tan horrible condena.
Dispuestos ya a reembarcar, Teseo llevó a bordo en secreto a Ariadna y también a Fedra, quien no quiso abandonar a su hermana mayor.

Pero hete aquí que Teseo le había dicho a su padre, el rey Egeo, que si volvía victorioso de Creta tras su lucha con el Minotauro, izaría en su barco unas velas blancas. Por el contrario si moría, la tripulación dejaría las velas negras con las que habían zarpado de Atenas.

Sin embargo en su vuelta, y tras vencer al Minotauro, Teseo agotado por el viaje y por la lucha con el Minotauro se durmió, no dando la orden a su tripulación de cambiar el velamen, y su barco continuó con las velas negras.Estas velas fueron las que su padre el rey Egeo de Atenas vio a lo lejos, y roto por el dolor creyendo que su hijo Teseo había muerto, se arrojó desde lo alto de un acantilado al mar.

Y ese mar, en honor a aquel rey de la mitología griega, todavía hoy lleva su nombre...El Mar Egeo. 

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