*La Noche de los Feos*Dedicado a los que por tener "DISCAPACIDAD" nos hemos llegado a sentir FEOS y negados a que te amen**

Aclaración:

Yo,tengo una Discapacidad,

pero mi capacidad para quererme

y aceptarme tal como soy,

hace sentirme especial,

tarde un tiempo en aceptar

"mi situación"me cuesta aún,

pero hay días en que Dios me ha puesto

en el camino personas

con enfermedades o discapacidades peores que las mías

y son felices, y yo,porqué no he de serlo también,o no?..

(siempre hay un roto para un descocido)

martina.

P:D: Yo,ya tengo a mi descocido!!

 

La Noche de los Feos

Ambos somos feos.

Ni siquiera vulgarmente feos.

Ella tiene un pómulo hundido.

Desde los ocho años,

cuando le hicieron la operación.

Mi asquerosa marca junto a la boca

viene de una quemadura feroz,

ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse

que tengamos ojos tiernos,

esa suerte de faros de justificación

por los que a veces

los horribles

consiguen arrimarse a la belleza.

No, de ningún modo.

 

Tanto los de ella

como los míos son ojos de resentimiento,

que sólo reflejan la poca o ninguna resignación

con que enfrentamos nuestro infortunio.

 

Quizá eso nos haya unido.

 

Tal vez unido no sea la palabra más apropiada.

Me refiero al odio implacable que cada uno

de nosotros siente por su propio rostro.

 

Nos conocimos a la entrada del cine,

haciendo cola para ver en la pantalla

a dos hermosos cualesquiera.

 

Allí fue donde por primera vez

nos examinamos

sin simpatía pero con oscura solidaridad;

allí fue donde registramos,

ya desde la primera ojeada,

nuestras respectivas soledades.

En la cola todos estaban de a dos,

pero además eran auténticas parejas:

 

esposos,

novios,

amantes,

abuelitos,

vaya uno a saber.

Todos - de la mano o del brazo -

tenían a alguien.

 

Sólo ella y yo

teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades

con detenimiento,

con insolencia,

sin curiosidad.

 

Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía

de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida.

 

Ella no se sonrojó.

Me gustó que fuera dura,

que devolviera mi inspección con una ojeada

minuciosa a la zona lisa, brillante,

sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos.

 

Nos sentamos en filas distintas,

pero contiguas.

 

Ella no podía mirarme,

pero yo,

aun en la penumbra,

podía distinguir su nuca de pelos rubios,

su oreja fresca bien formada.

Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora

y cuarenta minutos admiramos

las respectivas bellezas

del rudo héroe y la suave heroína.

Por lo menos

yo he sido siempre capaz

de admirar lo lindo.

Mi animadversión

la reservo para mi rostro

y a veces para Dios.

También para el rostro de otros feos,

de otros espantajos.

Quizá debería sentir piedad,

pero no puedo.

 

La verdad es que son algo así

como espejos.

 

A veces me pregunto

qué suerte habría corrido el mito

si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido,

o el ácido le hubiera quemado la mejilla,

o le faltara media nariz,

o tuviera una costura en la frente.

 

La esperé a la salida.

Caminé unos metros junto a ella,

y luego le hablé.

Cuando se detuvo y me miró,

tuve la impresión de que vacilaba.

La invité a que charláramos un rato

en un café

o una confitería.

 

De pronto aceptó.

La confitería estaba llena,

pero en ese momento

se desocupó una mesa.

A medida que pasábamos entre la gente,

quedaban a nuestras espaldas las señas,

los gestos de asombro.

 

Mis antenas están particularmente adiestradas

para captar esa curiosidad enfermiza,

ese inconsciente sadismo

de los que tienen un rostro corriente,

milagrosamente simétrico.

Pero esta vez ni siquiera era necesaria

mi adiestrada intuición,

ya que mis oídos alcanzaban

para registrar murmullos,

tosecitas, falsas carrasperas.

Un rostro horrible

y aislado tiene evidentemente su interés;

 

pero dos fealdades juntas

constituyen en sí mismas

un espectáculos mayor,

 

poco menos que coordinado;

algo que se debe mirar en compañía,

junto a uno

(o una)

de esos bien parecidos

con quienes merece compartirse el mundo.

 

Nos sentamos, pedimos dos helados,

y ella tuvo coraje

 

(eso también me gustó)

 

para sacar del bolso su espejito

y arreglarse el pelo.

 

Su lindo pelo.

"¿que está pasando)",

le pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió.

El pozo de la mejilla cambió de forma.

"Un lugar común",

dijo.

"Tal para cual".

 

Hablamos largamente.

A la hora y media hubo que pedir dos cafés

para justificar la prolongada permanencia.

De pronto me di cuenta

de que tanto ella como yo

 

estábamos hablando

con una franqueza tan hiriente

que amenazaba traspasar

la sinceridad y convertirse

en un casi equivalente de la hipocresía.

 

Decidí tirarme a fondo.

 

"Usted se siente excluida del mundo,

 

¿verdad?"
"Sí", dijo,

todavía mirándome.


"Usted admira a los hermosos,

a los normales.

Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado

como esa muchachita que está a su derecha,

a pesar de que usted es inteligente,

y ella, a juzgar por su risa,

irremisiblemente estúpida."
"Sí."

 

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

"Yo también quisiera eso.

Pero hay una posibilidad,

¿sabe?,

de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo como qué?"


"Como querernos, caramba.

 

O simplemente congeniar.

 

Llámele como quiera,

pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño.

No quería concebir esperanzas.

"Prométame

no tomarme como un chiflado."


"Prometo."


"La posibilidad es meternos en la noche.

 

En la noche íntegra.

 

En lo oscuro total.

 

¿Me entiende?"


"No."


"¡Tiene que entenderme!

 

Lo oscuro total.

 

Donde usted no me vea,

 

donde yo no la vea.

 

Su cuerpo es lindo,

 

¿no lo sabía?"

 

Se sonrojó,

 

y la hendidura de la mejilla

 

se volvió súbitamente escarlata.

 

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

Levantó la cabeza

y ahora sí me miró preguntándome,

averiguando sobre mí,

tratando desesperadamente

de llegar a un diagnóstico.

"Vamos",

dijo.

 


No sólo apagué la luz

sino que además corrí la doble cortina.

A mi lado ella respiraba.

Y no era una respiración afanosa.

No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada.

Pero igual pude darme cuenta

que ahora estaba inmóvil, a la espera.

 

Estiré cautelosamente una mano,

 

hasta hallar su pecho.

 

Mi tacto

 

me transmitió una versión estimulante,

 

poderosa.

 

Así vi su vientre, su sexo.

 

Sus manos también me vieron.

 

En ese instante comprendí que debía arrancarme

( y arrancarla)

de aquella mentira que yo mismo había fabricado.

O intentado fabricar.

 

Fue como un relámpago.

No éramos eso.

No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje,

pero lo hice.

 

Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro,

encontró el surco de horror,

y empezó una lenta,

convincente y convencida caricia.

En realidad mis dedos

( al principio un poco temblorosos,

luego progresivamente serenos)

pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

Entonces,

cuando yo menos lo esperaba,

su mano también llegó a mi cara,

y pasó y repasó el costurón

y el pellejo liso,

esa isla sin barba de mi marca siniestra.

 

Lloramos hasta el alba.

 

Desgraciados ,

 

felices.

 

Luego me levanté

y descorrí la cortina doble.

 

Mario Benedetti

(1966)“

sólo con el corazón se puede ver bien;

lo esencial es invisible para los ojos.”

(el principito)

Si alguien ama a una flor de la que sólo

existe más que un ejemplar

entre los millones y millones de estrellas,

es bastante para que sea feliz

cuando mira a las estrellas.”(el principito)

 

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Etiquetas: al, amor, chiflado, discapacidad, entnedermecuerpo, equilibrado, feos, irremisiblemente, lindo, los, Más...negados, noche, prometame, rostro

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Comentario por Magdalena el octubre 9, 2020 a las 5:36pm
Hermoso
Comentario por Martina el octubre 23, 2017 a las 4:53pm

Mi guapa Victoria ya tienes el nombre eso eres tu,y cada uno de nosotros nos ha tocado enseñar a toda esa gente que se dice "sana" a que a pesar de las circunstancias hay que seguir y con fe .Dios la vida o el universo,nos mando "enfermedad,o discapacidad" es seguramente porque somos màs fuertes,a veces pienso que Dios cree que soy la "mujer maravilla"jijij y exigirme màs de lo que yo pueda y sabes que? pues puedo y procuro por hacer mis cosas por mi misma aunque me lea orgullosa,se y estoy consciente que cuando no pueda pido ayuda,en fin mirà que la vida nos trae tareas duras y otras nos manda cosas buenas y maravillosas y no lo digo por tener una pareja,igual hay que sentirnos bien con la soledad pero no acostumbrarnos a ella,buscar alguna otra distracciòn o con los amigos,total tenemos un nuevo dìa y seguir ganando la carrera a la vida.Bendiciones buenas vibras y un abrazo.

Comentario por Martina el octubre 22, 2017 a las 4:35pm

Naui mi niña,es verdad la gente  mirà con morbosidad y sin discreciòn puedes hasta escuchar lo que dicen de tu persona,unas con el pobrecitx o estas muy joven para tener esa enfermedad o ayudarte a caminar con un andador o bastòn o silla te voltean a ver como si fueras extraterrestre,jijij,total que ese es otra barrera de tantas que tenemos que superar y disculpar a esa gente ignorante e idiota de su forma de ser.A veces tenemos que enseñar y explicar que no se refieran a nosotros como  "pobres tan jovenes y con eso" ya me entiendes,la sociedad ya no hay humanidad ni siquiera pizca de corazòn.Hay excepciones.Eso ya de por si ya uno tiene que aceptar su discapacidad y encontrando a ese tipo de gente se hace un poco imposible de que te puedas sentir confiada e ir como una persona "normal" por la calle sin que te miren con curiosidad,total hay que usar mantequilla o aceite de bebè mejor asì olemos mejor,jijij como decìa mi mamà que chinchumadre la gente siendo yo feliz riase la gente.Hay que ser felices a nuestra manera a fin de cuentas es la vida de uno y seguir adelante a pesar de las pruebas que nos ponga la vida,eso si confiada en la ayuda de Dios,(siempre).Bendiciones buenas vibras y un beso

Comentario por Naui el octubre 22, 2017 a las 12:34am

Gracias Martina, me encanto!... Ser una niñita "normal" y dejar de serlo fue terriblemente difícil; me ha costado aceptarme (pero creo que voy por el camino correcto, he cambado muchas cosas de mi vida que no estaban nada bien) pero debo decir que sin tantas personas a mi lado hubiera sido casi imposible llegar hasta este momento de mi vida. Me falta trabajar (y mucho) en soportar a las personas mironas y preguntonas, que esas nunca van a faltar.
Un abrazo :)

Comentario por antabi el abril 2, 2014 a las 10:27am

¡Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro,

encontró el surco de horror,

y empezó una lenta,

convincente y convencida caricia.!!

Comentario por Martina el septiembre 12, 2012 a las 2:40am

shiquilla ya somos dos chillonas ajjaa un abrazo..

p.d espero un día leerte en el chat...cuídate

Comentario por Giovana el septiembre 7, 2012 a las 5:59pm

Debo confesarte amiga q al leerte se me escaparon un par de lagrimas, creo q lo q mas nos cuesta es eso: "Llegar a aceptarnos" es un trabajo del día a día y a veces esa aceptacion es tan fragil q se esfuma el momento menos pensado y debes empezar nuevamente haciendo el recuento de los daños, limpiando los escombros y los restos de autoestima.... A veces somos tan ridículamente frágiles q hasta buscamos la felicidad fuera de nosotros sin siquiera pensar q esta en nuestro interior, esta en aceptartenos tal y como somos pero sobre todo en no permitirnos a nosotros mismos despreciarnos o humillarnos. Yo, tengo discapacidad desde los 8 meses de nacida y despues de tantas cosas vividas, he llegado a concluir q somos Gerreros de Luz, porq iluminamos a todos los q nos rodean, porq pese a q no tenemos una vida sencilla luchamos dia a día para vestirnos de alegria y salir a conquistar el mundo.

Gracias Martina por compartir una historia tan linda q nos ayuda a reflexionar sobre nuestra forma de ver la vida. Cariños y besos.

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