*Hoy es 6/6/16: un exorcista explica qué significa*

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Hoy, 6 de junio de 2016 (06/06/2016), diversas personas especulan nuevamente sobre el significado del número 666 que aparece en el libro del Apocalipsis en laBiblia y ensayan algunas explicaciones relacionadas al Anticristo y el fin del mundo.

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El exorcista y teólogo especialista en demonología, P. José Antonio Fortea, brinda una explicación en su libro “Summa Daemoniaca”.

El exorcista afirma que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error, ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano.

Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal.

“Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto”, señala.

“También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre Anticristo.

Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo.

Cristo era un hombre, el Anticristo también.

Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia.

El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”, añadió.

Además, asegura que a todas las personas que le han preguntado sobre

este número durante su vida, siempre les ha contestado que

“cuando llegue el fin de los tiempos ya se sabrá”.

“Es un mensaje cifrado para reconocer al Anticristo, hasta que no llegue no tiene ningún sentido hacer especulaciones.

Esta profecía es como algunas profecías del Antiguo Testamento

respecto al Mesías.

Profecías que resultaban completamente incomprensibles ante-eventum.

Peropost-eventum quedan perfectamente claras e iluminadas, agregó.

Finalmente, explica que “el número se da como signo para reconocerle, de manera que cuando llegue quedará claro el sentido de la profecía”.

Se recuerda que es inútil especular la fecha del fin del mundo puesto que “mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre”. (Mt 24,36)

de la red.

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Frecuentemente abandonaba el escenario en medio de una canción o se ponía a tocar de espaldas al personal. Johnson era muy celoso de su técnica, de sus trucos, y no soportaba que alguien se fijara demasiado en los secretos que tanto le había costado forjar.

Si a eso añadimos una creciente afición por el alcohol, que se resolvía con muy mal vino, el juego y la marihuana, tenemos la combinación perfecta de un tipo llevado

por el Demonio.

Los años 30 estuvieron plagados de vino amargo y rosas con espinas.

Nuestro hombre viajó por todo el país actuando en miles de sitios.

Fijó su residencia habitual en Helena (Arkansas), donde paraban los grandes

de la época:

Elmore James, Sonny Boy Williamson, Howlin’ Wolf, Memphis Slim, Johnny Shines y muchos otros.

Éste último comentaba, asombrado, que el muchacho era capaz de interpretar una pieza nueva impecablemente con tan solo haberla escuchado una vez mientras sonaba de fondo en una conversación de bar.

Su fama fue creciendo al mismo tiempo que el humor se le evaporaba.

Sólo el alcohol le convertía en una persona sociable; sobrio, era pensativo y huraño.

Empecinado en llegar a la cumbre de su profesión, decidió que tenía que grabar discos, como los grandes.

Hizo tan solo dos sesiones, una en 1936, en Texas, y otra al año siguiente, en Dallas. Ninguna de ellas tuvo lugar en un estudio:

una fue en una habitación de hotel, la otra en un almacén.

En suma, 29 canciones de un total de 42 tomas distintas.

Terraplane Blues fue su único éxito, del que se vendieron unos pocos miles de

copias de E.P. para el escaso público negro capaz de comprarlos.

En el verano de 1938, con 27 años recién cumplidos, volvió a Robinsonville para visitar a amigos y parientes.

Solía tocar en un garito que estaba en el cruce de las autovías 82 y 49-E.

El lugar era conocido como Three Corners:

un cruce de caminos, un sitio señalado por la magia del vudú.

Allí transcurrió su última actuación.

Como de costumbre, había seducido a la dama más apetecible del local.

Lo malo es que ésta era la esposa del dueño, un tipo con mal carácter.

En esa ocasión compartía cartel con Sonny Boy Williamson.

Hombre curtido en estas lides, el armonicista sabía que se mascaba la tragedia. Cuando alguien le acercó a Johnson una botella de whisky abierta,

Williamson la cogió al vuelo y la tiró.

«Tío, no bebas de una botella abierta.

Nunca sabes lo que pueda haber dentro»,

le dijo.

La respuesta no fue amable:

«Nunca vuelvas a quitarme una botella de la mano».

No lo hizo,

así que la segunda que llegó la apuró con delectación.

A mitad del bolo,

el guitarrista dejó de tocar.

Salió a la calle sintiéndose fatal.

El whisky llevaba estricnina.

Dos semanas después, Johnson moría.

de la red

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