Foto com animação | Arte visionario, Psychedelic art, Arte surrealista

Le habría gustado venir al mundo en cualquier época, una y otra vez, y, a poder ser, cada vez para siempre.

De las personas amadas se saben muchas cosas, y sin embargo no se les da crédito.

El sentimiento más bajo que conozco es la aversión por los oprimidos, como si hubiese que justificar su sojuzgamiento a partir de sus atributos. De este sentimiento no están libres muchos filósofos nobles y justos.

Se esfuerza por contagiar su grandeza de espíritu a los hombres. Pero éstos se quedan en la megalomanía.

Muchos de nosotros, satisfechos con la bondad de Dios, nos convertimos en los mayores bellacos.

Se imponía todas las exigencias habituales, pero en una lengua extranjera.

Resulta difícil amar a las personas precavidas, salvo que se constate cómo su precaución yerra en todo.

Los pájaros bailan cuando vuelan juntos hacia África. Sus ritmos, más elegantes y plenos que los nuestros, proceden de su aleteo. No pisan el suelo, sino que baten el aire, que les es benévolo. A nosotros, en cambio, nos odia la tierra.

Es listo como una rueda.

Ninguna escritura es lo suficientemente secreta como para que el hombre se exprese en ella con veracidad.

Los nombres de los instrumentos musicales son mágicos de por sí. Si no hubiésemos nombrado otros objetos tendríamos que asombrarnos de nosotros mismos.

Le gusta alabar a las personas que, de cualquier modo, no llegarán a nada. Pero se vuelve prudente cuando alguien da muestras de talento.

Inflamar a sus amigos y luego dejarles consumirse solos, ¡qué cruel y qué natural para un poeta!
Sólo en las religiones indias ha calado el asco por la repetición tras experimentar como ningún otro pueblo los inefables excesos de la repetición.

Confiaba en vivir mucho tiempo sin que Dios se diera cuenta.

La gente sólo ama a un poeta si es pródigo con el tiempo. En cuanto empieza a escatimarlo, le tratan como a un cualquiera.

Temes todo lo que no viene después de la muerte.

Por amor a ella exprimió su corazón como un limón. Pero el que se la llevó fue el otro, el que lo endulzó con su labia.

Es tan conciliador que olvida con quién estuvo negociando ayer.

A menudo su sombra se le vuelve demasiado pesada.

Los agujeros del saber migran.

Es demasiado corta para su codicia: nunca alcanza nada.

Nadie más alejado de la inmortalidad que el avaro.

Entre los muertos figuran también los animales que no han sido devorados.

Los animales que pueblan nuestro pensamiento deben volver a ser poderosos, como antes de su sometimiento.

Sé más sencillo, hablas como un enviado. ¡Desecha las espuelas de la soberbia, baja del presuntuoso corcel de los tres milenios por venir, vive mientras vivas, no intentes adentrarte en una época que de cualquier modo no conocerás, deja dormir los propósitos, olvida el nombre, olvídate a ti mismo, olvida tu muerte!

Sus desesperaciones me resultan demasiado puntuales.

Es tan malo que sus oídos se asustan de su lengua.

Es capaz de desmontar sus convicciones y volverlas a componer.

Su sueño es instalar a las personas que ama en estrellas separadas.

Hay personas tan ínfimas que no es posible decirles las cosas a la cara, uno no encuentra ninguna máscara adecuada para hablarles.

El que conoce a muy pocas personas no tardará en tratar únicamente con demonios.

Sílabas que eran moneda corriente hace cien mil años.

Sonreía con veinte caras, en cada una se mostraba distinto, sonreía amable, sonreía hostil, prometía, ofrecía, rechazaba, traicionaba, pero siempre satisfacía, porque las caras que restaban refulgían como bajo la superficie del mar, y era hermoso esperar a que afloraran.

En tiempos de gran desconfianza uno crea personajes misteriosos y temibles a partir de las personas que conoce bien o con las que ha hablado recientemente: te dicen cosas taimadas y execrables con la peor intención. Les replicas con acritud. Y su respuesta es aún más acre. Su único propósito es irritarte más y más, hasta que la rabia y el miedo te hacen perder todo recato y les muestres sus peores rasgos, exagerados hasta lo demoníaco. Palidecen, incluso es posible que se hagan los muertos por un tiempo. Pero de pronto te asaltan de nuevo, preferiblemente por la espalda. Te enzarzas en interminables diálogos con ellos. Siempre te comprenden y tú siempre les comprendes, todo es uniformemente diáfano en su hostilidad. Es probable que quieran devorarte, y la parte de tu cuerpo más próxima a ellos es la más amenazada. Retiras la mano de golpe, escondes tu hígado, enrollas la lengua, aunque sigas usándola con fruición. Esa figura hostil presenta un contorno preciso sólo por el odio que expresa y que tú le devuelves. Pero no puede morderte en cualquier parte, posee una limitación muy específica, pues depende de ti. Surgió como una estela de humo y como una estela ondea de un lado a otro a nuestro arbitrio. Tiembla, se hincha, invertebrada, y a veces pienso que es una reminiscencia del tiempo en que vivíamos en el fondo del mar y nos atacaban criaturas informes.
Pero, en cuanto la persona a la que el personaje debe su nombre se acerca a nosotros, éste se disuelve en la nada, y por un instante nos sentimos confiados y alegres.

Un dios que no crea a los hombres, sino que los encuentra.

Una experiencia espiritual excesiva requiere un periodo de gestación; no se puede aprender impunemente, lo aprendido tarda en ser olvidado, y sólo lo olvidado emprende caminos nuevos.

Jamás llegará a ser un pensador: se repite demasiado poco.

Nombrar es el mayor y más serio consuelo del hombre.

Y siempre esperamos del hálito de los animales que se trastoque en nuevas palabras inauditas.

Disfraza sus imágenes con reproches.

Sigo sin guardarle rencor al lenguaje: la bestia triunfante de la técnica le ha restituido algo de su dignidad.

El éxito es sólo la parte más ínfima de la experiencia.

Su memoria le odia, siempre se presenta cuando debería tener la boca callada.

Uno pone a desfilar a todos los que han muerto injustamente antes que él y les suelta un sermón sobre su propia laboriosidad, maña y seguridad.

Las cornejas sobre el trigo amarillo le hacen sentir la vida con más fuerza que ninguna otra cosa.

Es tan orgulloso que siempre está deseoso de regalarle algo a Dios.

Ha conservado una profunda veneración por los ancianos: admira en ellos cada año que no ha vivido. Adora a los niños: son la promesa de cada año que ya no llegará a vivir.

El único modo de sobrellevar la desdicha es interpretándola.

La importancia de un espíritu debe medirse por el número de años que es capaz de perder.

El futuro siempre es falso: influimos demasiado en él.

Desea la existencia de las personas que ama, pero sin su presencia ni sus ocupaciones.

Criaturas que viven en un tiempo intermedio que discurre paralelo al nuestro, penetrándolo sin rozarlo, como si hubiera sombras de tiempo que por sí solas conformasen un mundo.

"Oro" dice, como si lo hubiese robado.

Habría que clasificar los celos según lo que uno odiase más: a los rivales que fueron, que son, que serán.

Desea instantes que ardan el tiempo que arde una cerilla.

Un nuevo tipo de niños ausentes en las guerras.

El santo: se pasa la vida explicando todo lo que de ningún modo haría.

Come la sabiduría con palillos, en chino.

Piensa en animales, como otros en conceptos.

El hombre se prefiere como adepto furibundo.

El obseso nunca es agradecido.

Los pueblos extintos se vengan.

Dios se descuidó con la confusión de Babel. Ahora todos hablan la misma técnica.

De cuando en cuando lava los jirones de su vida.

Nunca dice más de una vocal.

El que ha aprendido bastante no ha aprendido nada.

Se vanagloria de sus galeras, donde los esclavos se sientan sobre almohadones y reman con remos de plata.

Es inteligente como un periódico. Lo sabe todo. Lo que sabe cambia cada día.

Se busca adjetivos afortunados, los lame y los pega todos juntos.

Valora a las mujeres por la felicidad y a los hombres por la infelicidad de que son capaces.

La infelicidad del saber cuando se transmite inalterado.

Deberían seguir creciendo físicamente esos que tanto valoran el tamaño, crecer hasta el infinito, para dejar tranquilos a los hombres.

La exageración también hace al gran filósofo, pero en su caso necesita revestirse de un grueso ropaje de sensatez. El poeta la expone desnuda y resplandeciente.

Quiere que la tomen entera, con todo su equipaje, y teme que, de pura felicidad, olviden una aguja.

Colecciona chivos expiatorios para repartir así más equitativamente sus cargas.

En cada frase añade al menos una palabra extranjera de un idioma que no conoce, ni tampoco los presentes, y todos asienten como si estuvieran al tanto.

Nada puede sustituirse realmente, el objetivo más tosco se vuelve a presentar siempre, los instintos son elásticos, pero inmisericordes, y su memoria de los pocos objetos que verdaderamente les importan es indestructible.

Hace acopio de su fama.

Necesitamos un gran tesoro de nombres ajenos por cuyo sentido no queremos ni preguntar.

El odio tiene un latido propio.

El amorfo no puede metamorfosearse.

Cada vez que quiere ser un falso profeta, acierta.

Se siente desgraciado si pasa un solo día sin poder contar nada.

Es fácil ser razonable cuando no se ama a nadie, ni siquiera a sí mismo.

Si por él fuera se dejaría agasajar por un par de dioses, a los que sin embargo nada pide, para luego hacer lo mismo que hacen ellos con sus regalos.

El trato íntimo de una persona, que le fascina, ¡cuánto lo aborrece cuando se muestra igual con cualquiera, con todos! ¡Cómo preferiría entonces cualquier repugnante, cualquier desdeñosa frialdad! Vive convencido de que sólo es posible comportarse de un modo determinado con cada persona, y quien no lo hace confunde a la gente.

En los días hermosos se siente demasiado seguro de su vida.

Unos amigos paganos le depositaron en su paraíso y pusieron pies en polvorosa.

Las ígneas ruedas de las estrellas en Anaximandro y su paroxismo en Van Gogh.

Se ocupa de la historia para arrebatársela a la humanidad.

A Dios no le gusta que se extraigan lecciones de la historia reciente.

Desde que a las brujas no les ocurre nada se han vuelto inofensivas.

Lo más grande del amor es que en él se revocan todos los derechos.

La obra de arte más perfecta y aterradora de la humanidad es su división del tiempo.

Los hechos no pueden ensamblarse. Lo mejor es que nos los arrojen por separado nada más cocerlos, ya rígidos. Sobre este principio descansa la eficacia de Suetonio.

Sólo es soportable la erudición de quienes no rinden honores a la muerte.

La gente habla como si siempre hubiera hablado así.

Se compra un espinazo barato.

Uno que odia a los hombres porque han accedido a someterse al poderío de las explosiones.

La historia puede escribirse como si las cosas siempre hubieran sido como en nuestra época. Pero entonces, ¿para qué escribirla?

Su pensamiento tiene aletas en lugar de alas.

Los pescados que más le gustan son los más ávidos.

Una vez que ha ocurrido, en la historia todo va como una seda.

El suicidio seguirá estando al alcance del hombre, pero deberá convertirse en un acontecimiento siniestro y raro, en un único suicidio como antaño la guerra.

Escila y Caribdis del espíritu: decir demasiadas cosas, o pocas, demasiado a menudo.

Las penas de los demás lo vuelven peor que las propias.

No juzgar a los filósofos porque tengan o no razón ahora.

¡Cuántas cosas sabemos sólo porque no nos atañen en nada!

Sólo por los colores ya valdría la pena vivir eternamente.

La historia contiene todos los sentidos y por eso es insensata.

El que quiera pensar debe renunciar a buscar adeptos.

El tiempo que regala es demasiado valioso para ser vendido.

A Dios se le trabó la lengua al crear al hombre.

¿Qué serían los ojos sin su reflexión, sin los párpados?

Hay en las utopías un resabio de modestia que ahuyenta a los hombres.

Las voces paganas de los pájaros.

Un grupo de personas inmóviles, con las garras hincadas en la carne de los otros, rostros sonrientes, desfigurados en una mueca de dolor y de placer.

Las penosas introducciones a las obras maestras, disuasorias, áridas, sublimes o desvergonzadas. ¡Ah! ¿Por qué sentiremos curiosidad? ¿Por qué habrá tenido que nacer y morir el autor? ¿No basta con que lleve un nombre, no le pesa éste ya bastante? Pero la gente desconoce la compasión. Tienen que guisarse a su escritor, sazonarlo y comérselo.

Su principal preocupación es deshabituar a los demás de sus propios defectos.

El pensamiento se torna más diáfano en cuanto nos familiarizamos con las formas de los animales.

Dicen que las diversas artes habitan juntas con el mayor recato.

¿Un amor... libre de un miedo cerval por lo que pueda ocurrirle al ser amado? Si tal cosa existiera, ¿merecería llamarse amor?

Ella come por rabia, come por decepción, come por amor, come por pena. Come por modestia, orgullo y nostalgia. A bocados salió del vientre de su madre. En la tumba, cuando no le quede otra cosa, se comerá el ataúd y los clavos.

Posee un saco lleno de nombres en muchas lenguas, pero las cosas las ha dejado fuera.

La infancia se torna más plena conforme envejecemos, y no es cosa vana tomarle la medida a nuestros primeros años.

Quiere unificar Europa por medio de la historia de su infancia.

ELIAS CANETTI

LEONORA CARRINGTON (1917-2011)

Leonora Carrington: soy una hiena | La Esfera de Papel

Leonora Carrington: soy una hiena | La Esfera de Papel

inconsolata» - Muy de vez en cuando, Isabel González publica en...

Colección 14 GIFs de obras de Leonora Carrington - 101 aniversario por @MaizzVisual - Dessignare Media - Arte y Animación

Homenaje a Leonora Carrington - GIFs animados

Homenaje a Leonora Carrington - GIFs animados

Leonora Carrington (1917-2011).

La giganta (1947).

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