Crisis y Oportunidad (por Luis Rojas Marcos, psiquiatra)

"Todas las crisis tienen dos elementos: peligro y oportunidad. Con independencia de la peligrosidad de la situación, el corazón de cada crisis esconde una gran oportunidad. Abundantes beneficios esperan a quienes descubre el secreto de encontrar la oportunidad en la crisis."

- Antiguo proverbio chino -

La palabra crisis, en la caligrafía china, se escribe uniendo los símbolos de peligro y oportunidad. Esta expresión capta la esencia de nuestra incierta vida normal, porque ésta también tiene dos facetas: aparte del obvio riesgo a la integridad física, el peligro es que a consecuencia del desasosiego y la vulnerabilidad que sentimos, nos paralicemos, nos estanquemos y nos aislemos. Al mismo tiempo, esta situación de inseguridad nos ofrece la oportunidad de crecer emocionalmente, potenciar nuestra solidaridad y fortalecer nuestra determinación por resolver los conflictos que causan la inestabilidad en el mundo.

Al reflexionar sobre las tensiones que estamos viviendo, nos enfrentamos con la impotencia que sentimos ante la incertidumbre que nos acosa y que somos incapaces de controlar. A la vez, nos reconfortamos ante el hecho de que los seres humanos debemos nuestra posición de privilegio en la Tierra, a la extraordinaria capacidad de adaptación y recuperación que poseemos. Pienso que esta capacidad explica el hecho de que, con frecuencia, las personas que superan graves situaciones no se limiten a volver al nivel previo de normalidad, sino que experimentan cambios positivos. Por ejemplo, en una revisión de unos 40 estudios recientes sobre los cambios que se observan en las personas después de vivir adversidades muy penosas y prolongadas, los psicólogos de la Universidad de Warwick (Reino Unido) Alex Linley y Stephen Joseph, llegaron a la conclusión de que muchos hombres y mujeres crecen emocionalmente. La actitud de estos individuos de extraer consecuencias provechosas de las desgracias no está relacionada con la edad, ni el sexo, ni el nivel socioeconómico, ni el tipo de calamidad que soportaron. El crecimiento o las secuelas positivas que ocasionan en ellos las coyunturas estresantes dependen sobre todo de su capacidad de adaptación y de los mecanismos de defensa o los antídotos que utilizan para protegerse de los efectos dañinos. A lo largo de mi vida profesional, he conocido muchos enfermos de cáncer, pacientes que han sufrido un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular, supervivientes de agresiones humanas o de desastres naturales, dolientes recuperados de depresiones profundas e incluso jóvenes infectados del virus del SIDA, que afirman convencidos que, como resultado de su infortunio, se conocen mejor, se consideran mejores personas y valoran más sus vidas.(...)

Para estas personas, las dificultades se convierten en una especie de centro vital alrededor del cual reorganizan sus valores y expectativas, y configuran una nueva vida más grata, que les permite disfrutar de cosas sencillas a las que antes no daban importancia. Otros cambios positivos incluyen la maduración de la personalidad, la mejora en las relaciones con otras personas, el aumento de la solidaridad y el desarrollo de la capacidad para ponerse genuinamente en las circunstancias de otros.

Me imagino que las semillas de esta capacidad de superación ya se incubaban en los cromosomas de nuestros antepasados de hace miles de años. Y gracias a que pasaban de generación a generación, la especie humana ha sobrevivido y ha evolucionado para mejor. Con todo, estoy convencido de que esta actitud fundamental que nos impulsa a vencer la adversidad y nos ayuda a vivir contentos tiene menos de herencia y más de triunfo personal. En el fondo, el atributo humano más emblemático es la propia habilidad para hacernos a nosotros mismos, pero no como esclavos de un destino labrado en nuestro mapa genético o esculpido en nuestro carácter, sino como sus forjadores.

Los hombres y las mujeres que, como nos avisa el proverbio chino que he mencionado, logran descubrir el secreto de encontrar las oportunidades en las crisis, me recuerdan al ave Fénix de la leyenda egipcia: el pájaro de llanto melódico y de plumas brillantes de oro y escarlata que después de ser consumido por las llamas resurgió desde sus propias cenizas y volvió a volar victorioso hacia Heliópolis, la ciudad del Sol."

- Luis Rojas Marcos -

Nuestra Incierta Vida Normal


“Vivimos mientras nos renovamos”.
Henry F. Amiel

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Comentario por Rebel el mayo 3, 2020 a las 9:43pm

Tienes razón Lourdes, a veces los seres humanos no somos del todo conscientes de nuestra capacidad de resistencia y adaptación hasta que nos enfrentamos a situaciones difíciles o incluso extremas, que igual creíamos que nunca podríamos afrontar, entonces es cuando nos damos cuenta de nuestros verdaderos límites... y posibilidades. Nos puede ayudar además a replantearnos las cosas, a verlas de formas que tal vez ni siquiera sospechábamos, a centrarnos en lo importante, a valorar aquello (o a aquellos/as) que no valorábamos tanto o a lo que tal vez ni siquiera prestábamos atención. No todo el mundo lo consigue, y a quien fracasa por mil motivos no hay que culparlo - ni culparnos a nosotros mismos si nos pasa -, porque aquí nadie está libre de atravesar malos momentos y etapas oscuras en su vida, sino tratar de buscar nuevas o mejores formas de afrontar las situaciones, porque sí hay mucha gente que aprende de sus propios retos o crisis personales y en diferentes sentidos consiguen salir mejores y hasta más fuertes de ellas. Un saludo ;)

Comentario por Lourdes-..L❤... el mayo 2, 2020 a las 3:27am

“Encontrar las oportunidades en medio de la crisis”… una gran realidad, siempre que nos vemos envueltos en situaciones difíciles algo nos mueve de manera instintiva que nos hace encender la llama de la esperanza, y buscamos afanosamente soluciones con el fin de solventar como de lugar los desagradables momentos. Ocurre eso que también se le llama resiliencia, porque en medio de cualquier circunstancia tomamos lo positivo y fortalecemos las debilidades que puedan estarnos ocasionando algunas barreras. En cuanto al cambio de personalidad en las personas que tienen un padecimiento de salud estoy totalmente de acuerdo con la apreciación de Rojas, sobre todo porque se da aquello de que…”sabio es quien aprende de la experiencia del prójimo”…     

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