La primera parte de Canto a mí mismo

I

Me celebro

y me canto a mí mismo.

Y lo que yo diga ahora de mí,

lo digo de ti,

porque lo que yo tengo lo tienes tú

y cada átomo de mi cuerpo

es tuyo también.

Vago…

e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo

a mi antojo sobre la tierra

para ver cómo crece la hierba del estío.

Mi lengua y cada molécula

de mi sangre nacieron aquí,

de esta tierra y de estos vientos.

Me engendraron padres

que nacieron aquí,

de padres que engendraron

otros padres que nacieron aquí,

de padres hijos de esta tierra

y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años.

Mi salud es perfecta.

Y con mi aliento puro

comienzo a cantar hoy

y no terminaré mi canto

hasta que me muera.

Que se callen ahora las escuelas

y los credos.

Atrás.

A su sitio.

Sé cuál es mi misión

y no lo olvidaré;

que nadie lo olvide.

Pero ahora yo ofrezco mi pecho

lo mismo al bien que al mal,

dejo hablar a todos sin restricción,

y abro de par en par las puertas

a la energía original de la naturaleza

desenfrenada

En esta primera parte del poema

Canto a mí mismo, Whitman

exalta la propia existencia.

El disfrute del propio cuerpo,

con todas sus grandezas y sus limitaciones.

La importancia del origen, del arraigo,

como fuente primaria de la identidad personal.

Representa, como el nombre del poema lo indica,

una alabanza al propio ser, a la existencia.

En este caso, amarse a sí mismo

y cantar a la propia existencia

no tiene nada que ver con el narcisismo.

Es una expresión que apunta hacia lo universal,

que a su vez está contenido en cada individuo.

Por eso es una manifestación genuina del aprecio

por la existencia propia, que no va en detrimento

de la existencia ajena.

Un verdadero canto a la vida.

Segunda parte del poema

II

(…)

Me gusta sentir el empuje

amoroso de las raíces

al través de la tierra,

el latido de mi corazón,

la sangre que inunda mis pulmones,

el aire puro que los orea

en inspiraciones

y espiraciones amplias.

Me gusta olfatear las hojas verdes

y las hojas secas,

las rocas negruzcas de la playa

y el heno que se apila en los pajares.

Me gusta oír el escándalo de mi voz,

forjando palabras que se pierden

en los remolinos del viento.

Me gusta besar,

abrazar

y alcanzar el corazón

de todos los hombres

con mis brazos.

Me gusta ver entre los árboles

el juego de luces y de sobras

cuando la brisa agita las ramas.

Me gusta sentirme solo

entre las multitudes de la ciudad,

en las estepas

y en los flancos de la colina.

Me gusta sentirme fuerte

y sano bajo la luna llena

y levantarme cantando alegremente

a saludar al sol.

¿Qué creíais?

¿Qué me conformaría

con mil hectáreas

de tierra nada más?

¿Pensasteis que toda la tierra

sería demasiado para mí?

¿Para qué habéis aprendido a leer

si no sabéis ya interpretar mis poemas?

Esta segunda parte del poema

se refiere a la unidad entre el ser humano

y la naturaleza.

Es una unidad que va mucho más allá

de extraer utilidad de todo lo que nos rodea.

Por el contrario, se trata más bien de la unidad que surge de la contemplación profunda, de lograr una valoración sincera de la vida y de la naturaleza en

todas sus manifestaciones.

Una contemplación que implica satisfacción y

gozo y que permite aplicar todos los sentidos.

Whitman

también se refiere al sentimiento

de unidad con los demás seres humanos.

De ahí que afirme

“Me gusta besar / abrazar/

y alcanzar el corazón

de todos los hombres

con mis brazos”.

Lo que expresa ahí es una honda necesidad

de sentirse parte de la humanidad,

un reconocimiento de que el otro es un igual,

alguien que vive en uno,

y en quien también se vive.

Decimoctava parte

XVIII

Con estrépito de música vengo,

con cornetas y tambores.

Mis marchas no suenan sólo para los victoriosos,

sino para los derrotados y los muertos también.

Todos dicen:

es glorioso ganar una batalla.

Pues yo digo que es tan glorioso perderla.

¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu

que se ganan!

¡Hurra por los muertos!

Dejadme soplar en las trompas,

recio y alegre, por ellos.

¡Hurra por los que cayeron,

por los barcos que se hundieron en el mar,

y por los que perecieron ahogados!

¡Hurra por los generales que perdieron el

combate y por todos los héroes vencidos!

Los infinitos desconocidos valen

tanto como los héroes

más grandes de la Historia.

Esta parte del Canto a mí mismo

es un bello homenaje a la lucha.

De ahí que Whitman

afirme que tan glorioso

es quien gana en una batalla,

como quien pierde.

Con esto quiere dar a entender

que lo realmente valioso

no es conseguir el triunfo,

sino luchar por aquella causa

en la que se cree.

El poema dice

“¡Las batallas se pierden

con el mismo espíritu

que se ganan!”

Esto es muy cierto

en diversas ocasiones.

Muchas veces la derrota

no depende del empeño

o el tesón

que se haya puesto en la lucha,

sino de circunstancias

o momentos adversos.

No por nada dice Borges

que “la derrota tiene una dignidad

que la victoria no conoce”.

Estas afirmaciones

eran poco convencionales

en la época de Whitman.

Forman parte del espíritu de la modernidad,

que apenas se insinuaba en su tiempo.

Un espíritu más escéptico y libre

que el de los románticos y,

por eso mismo,

fuertemente cuestionado en un comienzo.
Vigésimo cuarta parte

XXIV

(…)

La cópula tiene el mismo

rango que la muerte.

Creo en la carne y en los apetitos.

La vista,

el oído,

el tacto…

son milagros.

Y cada partícula,

cada apéndice mío

es un milagro.

Soy divino por dentro y por fuera

y santifico todo lo que toco

y todo lo que me toca:

el olor de mis axilas

es tan fino como el de una plegaria;

y esta cabeza mía

vale más que las iglesias,

las biblias

y los credos.

Estos apartes del poema generaron

gran controversia en su tiempo.

Equiparar la “cópula” con “la muerte”,

era poco menos que un insulto.

Sin embargo, en tiempos más recientes

son muchos los autores

que han hablado acerca de la sensación

de desaparecer, o de morir que está implícita

en un orgasmo.

A su vez, también se habla de la seducción

que la muerte y las ideas asociadas a ella,

ejercen sobre muchos seres humanos.

En todo caso, el principal propósito de Whitman

es el de mostrar que el cuerpo es tan “sagrado”

como lo que muchos llaman “alma”.

Que a través de los sentidos también

se pueden vivir experiencias profundas

y tan válidas como las experiencias mentales.

De este modo, se consolida un rechazo

a las formas idealistas de mirar la vida.

Whitman es, sin duda,

un poeta vigente que tiene mucho

para decir a los hombres

y mujeres de nuestro tiempo.

El “Canto a mí mismo” es un poema eterno, en el que cada verso fue pensado y sentido para exaltar el amor propio y ese milagro que es la vida.Walt Whitman

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