Ella me miró con los ojos llorosos. Yo intentaba evitar su mirada porque sabía lo que está pensando. Habían pasado catorce años. El tiempo había pasado muy rápido. Yo no me reconozco. Me miro al espejo, pero no me encontraba. A veces intento mirar hacia atrás, rememorar el pasado. Me acuerdo de un día que estaba en el hospital. Creo que fue el día que me desperté del coma.

 Estaba en una cama tan blanca como la nieve. Estaba aturdida. No comprendía lo que había ocurrido. No sabía que era esa habitación. No sabía donde estaba. Ese lugar era muy extraño para mi. No me acordaba de lo que había ocurrido. Sólo me acordaba de unas palabras que había pronunciado una mujer. Yo no la conocía. Pero ella me conocía. Y lloraba por mi. Yo escuchaba su llanto. Le respondía, le hablaba. Pero ella no me entendía. Se pasaba todos los días allí. Contemplándome al dormir.En el momento en el que abrí los ojos desee verla. Ver su reacción. Pero en vez de eso no vi a nadie.  Me dieron ganas de gritar, pero no sabía hablar. No sabía que hacer, hasta que oí unas respiraciones procedentes del suelo.

Y ahora estoy aquí, en frente del espejo. Mirándome la cara, y buscando a esa niña. Pero no la encuentro. No miro a la niña que cruzó esa carretera. No me acuerdo mucho del pasado. Y me gustaría recordar los momentos más importantes. Los primeros pasos que dí cuando tenía un año. Mis primeras palabras. Lo que viví cuando tenía cinco años.

Dicen que los primeros recuerdos de una persona son a partir de los cinco años. Yo no me acuerdo nada de mi infancia. Me acuerdo de tan pocas cosas que me pregunto si lo habré vivido yo.
"Estoy nerviosa, y no sé por qué". No sé por qué me pongo nerviosa, tan solo es una presentación.
En abril, mientras lloraba desconsoladamente en la aula de Bea me prometí que para el siguiente curso haría amigos,  pero no sé cómo hacerlos. No tengo muchas cosas de que hablar. Y si las tengo, no sé que decir. No tengo esperanza de hacer amigos. Sin embargo, necesito amigos.
Tengo amigos con discapacidad como yo. Conocí a Daniel en un campamento de verano. Pero él no es como yo. Tiene matices de mandón y listillo. Todos los días, en la comida nos decía lo que debíamos decir y hacer. El primer día que lo ví andando hacia la pista de baloncesto sentí que no me iba a caer bien, y la verdad es que no me confundí. Porque es muy hablador. Es de los que no se callan ni debajo el agua, de los que no dejan hablar a los demás.
Un día en el campamento, yo quería hablar con el monitor porque me encantaba y, la verdad hay que decirla, era guapo. Era simpático y divertido. 
- Lucas, mi hermano....- intenté decir. 
- Nosotros somos once amigos en Vigo - me interrumpió Daniel.
- Daniel deja hablar a los demás.
- Ah, vale.
Se calló. Porque se lo dijo Lucas sino no nos dejaba hablar.
En septiembre conocí a sus amigos. Ninguno es como yo. Se creen minusválidos. Tan solo por tener unos grados de discapacidad. No lo entiendo, si no tienen ningún problema. Andan bien, un poco más despacio que las demás personas. Y hablan un poco más despacio que los demás. La verdad es que yo también soy así. No sé por qué. Sé que con un esfuerzo puedo mejorar, pero no me veo con mucho ánimo. No es que me sienta minusválida ni nada de eso. A veces, si me siento minusválida. Y eso es lo peor que puedo sentir. Porque yo no lo elegí. Solo tuve un accidente cuando era pequeña. No soporto ver a mi padre dejando el coche en el aparcamiento de personas discapacitadas. Llevo viendo como lo aparca allí cinco años. Siempre me pregunto por qué no puede aparcar en otros sitio. No entienden que lo que quiero es pasar lo máximo posible de mi accidente. Quiero ser una persona normal.
Hoy puede que cambie mi vida. Ojalá haiga alguien que me saqué de mi misma. Ojalá que pueda abrir mis puertas después de haberlas cerrado hace cinco años.
Hace cinco años fui abandonada por mis amigas. Me mintieron, me engañaron y, lo peor, se rieron de mí. Llevo cinco años sola. Intento hacer amigas. Pero esas amistades solo duran unos meses o son de hablar de vez en cuando y salir una vez al año. Yo necesito amigos de verdad. Personas con las que sentir que puedo ser yo. Pero eso igual solo existe en los cuentos de hadas.
Hace cinco años veía una serie argentina. Era como un cuento de hadas. Había música, amor, tristeza, amistades, odio y alegría.  Todos los sentimientos que se puede sentir. Yo cree mi mundo. Soñaba con cosas increíbles para que nadie me hiciera daño. Se suele llamar el mundo de yupi. Cuando ví que Noemí y Alexia me estaban llamando tonta y riéndose de mí, yo no lloré.
Yo quiero rehacer mi vida. Quiero ser alguien. Conocer a personas que me vean como soy de verdad y que no le importen mis errores. Porque con personas a mi lado me sentiré mejor y será más posible que pueda mejorar.
Soñando no voy a conseguir nada. Lo único que puedo hacer es realizar mis sueños realidad.
Ahora tengo muchos sueños por cumplir. Quiero viajar por todo el mundo. Quiero aprender idiomas. Quiero que el mundo sea mejor. Sin incendios ni basura en las playas. No me gustan las guerras ni los racistas. Quiero un mundo mejor para todos. Negros, blancos, morenos, portugueses, africanos... Todos sin excepción. Sé que no puedo cambiar el mundo. Quiero intentarlo. Por lo menos, a mi alrededor. Para eso, tengo que empezar por el principio. Empezar por los estudios.


Entré en la sala. Me encontré con dos chicas marroquíes que  entrenaban con mis hermanos.
- Hola Samira. Hola Fatima. ¿Qué tal?
- Bien. Nos sentados ahí - dijo Fatima.
Nos sentamos en la tercera fila para poder escuchar mejor, aunque no muy cerca. Mirando para atrás un segundo, me fijé en un chico moreno de pelo oscuro.
- ¡Bienvenidos al Ribeira del Miño! - dijo una profesora, despertándome de mi distracción.
- Me llamo Julia, soy la secretaria de dirección y también profesora del ciclo superior de administración.
Siguió hablando sobre los ciclos. Al final, añadió:
- La tutora del ciclo medio de gestión administrativa, Maria Jose se va a retrasar una hora.
-¿Vamos a esperarla? - preguntó Samira cuando ya estábamos las tres en el pasillo.
- Si - dijo Fatima.
Salimos al patio delantero. Allí estábamos todas las del ciclo. Eramos más o menos seis personas.
- Como tarde mucho no voy a poder estar. Tengo que ir a buscar a mi primo al colegio.- comento una chica que estaba en el patio.
- Luego lo traes - comentó otra chica a su lado.
- No, no puedo. Es pequeño, haría mucho alboroto. ¡No voy a traer a mi primo pequeño al instinto!
- ¡ Vamos a tomar algo a la cafetería! - nos propuso Fatima a Samira y a mi, después de una hora esperando.

Estabamos en la mesa más cerca a la barra. Yo estaba bebiendo el té rojo que pedí cuando me percaté de que había tres profesores hablando en la barra. Yo escuche algo que me llamó la atención.
- Tengo que irme a mi presentación.
- Tu presentación ya fue.
- Creo que la tutora es ella. - dije en voz baja
- ¿Se lo pregunto?
- Perdona, ¿tú eres Maria José? La tutora de primero de administración?
- No. Yo soy Mini, la profesora de inglés. Os voy a dar clase de inglés. 
- ¿En clase explicas en inglés? - pregunté yo.
- No. Porque si no me vais a entender.
Esa respuesta fue como un cubo de hielo cayéndome encima de mí. Yo estaba acostumbrada a que el profesor Manuel expliqué en inglés. Además pienso que cuando explicas un idioma en ese propio idioma le demuestras a los alumnos el amor que le tienes a tu dedicación. Yo creo que el hecho que Manuel explicara en inglés hizo que yo quisiera estudiar inglés.
Una hora más tarde, seguíamos sentadas en la mesa.
- Voy a buscar a alguien que nos diga si llegó.
Fui a la entrada de la sala de profesores.
- Hola. Una pregunta ¿sabes si llegó María José?
- No lo sé. Si llego estará en la cafetería.
- ¿Cómo es? Soy nueva.
- Tiene el pelo castaño, corto por el cuello. Casi siempre lleva gafas de sol sobre la cabeza. Habla gallego.
- Gracias. 
No sé cuánto tiempo pasó hasta que la vimos. Estábamos de pie en las escaleras de la entrada cuando la vimos.
- Hola. ¿Eres Maria José?- le pregunté yo cuando me acerqué.
- Si.¿Vosotras sois del ciclo? Vamos al aula.
El aula donde vamos a dar las clases está en 
- Bueno, Yo soy Maria José. Voy a ser vuestra tutora en este curso. ¿Vino alguien más?
- Si. Una chica que se tuvo que ir a recoger a un niño pequeño al colegio.
- ¿Tiene un hijo?
- No. Es su primo. 
- Ah, vale. Bueno, voy a seguir hablando del curso. En este curso vais a tener cuatro profesores. Yo voy a enseñar compraventa e informática. Mini enseñará inglés, Fernando enseñará tesorería y contabilidad, y Julia enseñara Fol. Os voy a poner el horario con los nombres de los profesores. Mañana, Fernando os dirá que asignaturas da a las horas que da él. Yo soy exigente. Puede que parezca dura, pero lo que quiero es trabajo.
- ¿Vamos a ser tan pocos? - preguntó una chica.
- La verdad es que ahora sois muy pocos. Sois cinco, por lo que veo. Pero está abierto el plazo para anotarse al ciclo.
- ¿ Y con cuántas asignaturas se repite? - preguntó otra chica.
- Repetireis si suspendéis en total de 300 horas. Os voy a escribir cuantas horas tiene cada módulo. No podéis suspender informática con otra porque informática tiene 210 horas. Bueno, ahora podéis iros. ¡Hasta mañana!

Una vez fuera, opté por llamar a mi madre ya que Samira y Fatima se iban a pie. Yo no puedo  ir a pie porque a mis padres no les gusta. 

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