Amar es ponerle vainilla a tu café

Amar es ponerle vainilla a tu café
Llevo semanas con una frase resonando en mi cabeza. El mismo tiempo que deje de verla, llamarla, escribirle. El mismo tiempo que he estado preguntándome si hice las cosas bien. “Amar es ponerle vainilla a tu café”, no puedo dejar de pensar en esa oración desde que se me ocurrió, pero por más que intento descifrarla, más me intriga.
¿Amar es un suave dulzor en una taza de amargura? ¿Una calmada esencia en una intensa oscuridad? ¿Una deliciosa adicción? Por más que lo pienso, siento que de cierta forma todas las preguntas son correctas y erradas. Esta frase me fascina, al punto de volverse un mantra, un eslogan, mi “Carpe Diem”.
Después de todo, llego a mí un día después de nuestra primera cita. La esperé en un café por casi media hora, la cual se sintió medio día. El corazón me latía tan fuerte, queriendo salir de mi pecho para buscarla, resonando y golpeando desde adentro, dejándome respirar a duras penas. Sudaba frío, tenía migraña, se me dormían los pies al esperarla. Creí que al verla saldría corriendo hacia ella, o me daría un ataque al corazón, realmente solo me importaba verla. Más me equivoque, al verla no sentí nada, nada de estrés, ansiedad, malestar, preocupación, nada aparte de una dichosa quietud. Creí que de verdad era un infarto, porque deje de distinguir todo lo que no fuera ella.
Colores, sonidos y olores, todo era difuso y abstracto, excepto en ella. En ella vi colores que no conocía y no volveré a ver, su voz era meliflua y usaba un perfume exquisitamente barato. Pedí dos café helados de vainilla, y charlamos hasta terminarlos.
Desde ese día, cada vez que me siento mal, le pongo vainilla a mi café, ya que solo ese olor me hace sonreír. Tal vez ese sea el significado: amar es recordar hasta los más pequeños detalles y alegrarse por ello. Amar es creer que morirás esperando a esa persona, más el hecho de que vendrá te mantiene vivo. Amar es saber que puedes dejar ir a esa persona, si encuentra a alguien mejor que tú.
Debí esforzarme más, viaje medio país, le escribí todos los días, siempre estuve atento a sus llamadas, aun así debí esforzarme más. Debí conseguir el dinero para viajar con ella. Trabajar, comprar boletos de lotería, volverme actor, cruzar la frontera a pie, hubiera hecho todo eso y más, pero ella ya no es mía, aunque realmente nunca lo fue.
Amar es ponerle vainilla a tu café…
Leído sin autor.

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