La leyenda del pájaro pujuy o tapacaminos ...

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Cuentan que era un ave muy hermosa pero los antiguos abuelos dicen que sucedió algo inesperado que lo convirtió en lo que hoy conocemos como tapacaminos o pujuy
Resulta que al Señor Todopoderoso se le ocurrió nombrar a la reina de las aves y para ello organizó un concurso en el cual participaron todos aquellos que de alguna o de otra manera mostraran sus atuendos, habilidades, destrezas y un sin fin de valores que impactaran y con todo ello ser la reina de las aves. Y comenzaron los preparativos; unos por su bello canto decían estar seguros de ganar tan prestigiado trofeo, otros por su vuelo fantástico, que al surcar los aires dibujaban estampas coreográficas dignas más que de un aplauso, otros por la mentalidad tan extraordinaria que tenían; otros por sus habilidades; en fin tantas y tantas cosas que preparaban cada una de las aves y no faltó una de aquéllas que valiéndose de trampas pretendía ganar. Y bien en aquel entonces el pujuy o tapacamino era un ave de todas la más hermosa, tan bello tenía el plumaje que a las demás aves llenaba de envidia y no obstante su canto era esplendoroso, surcaba los aires, como potente cometa, dejando al pasar una silueta de ave noble, ingenua, puesto que las demás aves no se comunicaban con ella, entonces el pavo real, una ave que en aquella ocasión vestía desarrapante pues tenía por vestidura un plumaje tan feo que inspiraba críticas, se dirigió hasta el tapacaminos y le dijo lo siguiente:
-Oye, me invitaron a un concurso en el que debo portar un plumaje muy bonito como el tuyo. ¿Me prestarías tu traje? Contestó el pujuy: -¿No crees que es muy grande para ti? -No, contestó el otro.
Total es sólo por unos días, después te lo regresó, insistió. Si en el concurso resulto ganador, tú serás mi suplente en caso de que me enferme yo, además serás por siempre mi mano derecha.
Grande era la credulidad de esta ave que no lo pensó dos veces y dijo:
Está bien, pero conste que terminando el concurso me lo regresarás y luego, seré tu mano derecha.
Sí, dijo el pavo real, sonriente.
Se intercambiaron los trajes y tan grande era el pavo real que apretado le quedaba el traje, en tanto que al tapacamino le quedaba ancho. Así transcurrieron los días y el cuerpo y el traje de ambos se acostumbraban y por fin, llegó el día esperado en que se llegaría a saber quién gobernaría a todas las aves. Y comenzó tan anunciado concurso. Se inició con los trinos; con los cantos más maravillosos, aquellos que envuelven al corazón, el murmullo de aquéllos era tan magnífico que un juez parecería incompetente a la hora de calificar, luego las habilidades, unos volaban y dibujaban fantásticos bosquejos de árboles, ríos, mariposas, entre otros; otras construían nidos. Su habilidad era tan magnífica que era imposible detectar falla alguna en los nidos. Después siguió la belleza; y allí estaba el impostor, el pavo real, esa ave que con traje ajeno presumía belleza y más al abrir la coleta puesto que parecía que sus plumas llevaban luciérnagas pegadas en tan especial ocasión. El concurso culminó con la capacidad intelectual, culminó con palabras; aquéllas en donde las respuestas y preguntas giraban en torno a adivinanzas, problemas e intuiciones. Y después prosiguió la larga espera, en donde el nerviosismo de unos y la seguridad de otros se reflejaba en actos y en rostros. Entonces se dijo el nombre de los ganadores. En primera instancia se nombró al tercer lugar: al sakpakal o torcaza por su canto, después a la yuya pues construye su nido de manera extraordinaria y se le otorgó el segundo lugar; y la hora de la verdad llegaba y con ella la desesperación aún más; y se dijo:
El primer lugar por tanta belleza es para el pavo real. Esta ave, será de ustedes la reina de todas las aves.
Pasaron los días y el tapacamino esperaba su traje, y se le atravesó la torcaza y le preguntó el por qué vestía tan feo y le contó todo, la torcaza sólo le dijo que el pavo real ya había ganado y que el concurso por lógica había finalizado.
Entonces corrió con la reina de las aves a reclamar sus derechos, aquellos tan falsos que un día el pavo real prometiera y eran tan falsos estos derechos y palabras que negó haber dicho algo el estafador, entonces el pujuy sólo le pidió su traje y el otro se negó a regresarlo, discutían y no querían regresarlo el pavo real y dijo el pujuy:
Si no me devuelves mi traje ¡te mato! y después te dejo desnudo.
Entonces el pavo real voló y voló y, el pujuy se dispuso a seguirlo pero el falso volaba tan rápido que se perdió por el bosque. Por eso si el pujuy se te atraviesa sé amable porque sólo te dice:
-No has visto al pavo real, no has visto a ese impostor que me robó mi traje.
Si tú lo ves o si se te atraviesa por el camino dile lo siguiente:
-Se fue por allá, entre los árboles aquellos.
MORALEJA: "No hay que dar confianza a alguien que en apariencia es más inofensivo que tú; o bien no creas en las palabras de un hipócrita".
Créditos: Cansahcab tierra de leyendas

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